La noche fría
- Aquella noche era fría y llovía. se encontraba aquella casucha en medio de el parque mas importante del pueblo, ahí vivía una pobre señora, todos en el pueblo la juzgaban de un modo que preferías alejarte de su propiedad antes de pensar en ella, nadie la conocía, la creía loca y algunos bruja y amargada, le decían la señora cejas anudadas; valla apodo pues con solo mencionarlo te la imaginas con un suéter gris ratón, unas sandalias de reposo con calcetines café lodo con un pequeño agujero roído por sus gatos, sus cabellos parecían nidos de golondrina tan enredados y grises parecía que jamas había oído que existían los peines o cepillos, para su suerte no usaba lentes tenia la vista como la de un niño de 10 años, sus cejas eran tan pero tan extrañas, jamas había visto unas parecidas, negras como la tinta y peliagudas como la cola de su gato philip; ese solo era uno de los 9 gatos, solo era ella y los gatos.
la noche desapareció y el sol de las mañanas apareció alto y brillante en el cielo, parecía que no se había caído el cielo esa noche, parecía que las flores y pastos habían renacido todo era tan verde y jovial que Elinor; era su nombre real Elinor curtis nadie lo conocía masque sus padres ya difuntos. Ella decidió salir después de 4 Días de estar encerrada contando botones y juntando pelusa acumulada abajo de los muebles, eso era lo que hacia por días enteros. Empezó a caminar sus huesos rechinaban tanto como el automóvil de su vecino el Sr. nuddles Finch, no era su amigo solo aveces cruzaban miradas y el viejo gruñón solo refunfuñaba y refunfuñaba. Elinor llego a la esquina de su cuadra, los ojos le dolían por el resplandor del sol pero solo tardo algunos minutos en acostumbrarse, se detuvo en una vitrina, donde había la señal de la televisión, parecía una película de amor, le llamo la atención aquella frase que retumbo en sus oídos y en lo mas profundo de su corazón seco como las hojas de otoño, tanto que se quedo mirando sin parpadear
la frase solo decía
"Te amo", en su cabeza llego tal palabra que eso era lo que mas le faltaba el amor de 9 gatos no era suficiente, estaba tan bloqueada por la muerte de su esposo hace 20 años que había olvidado lo que se sentía ser querida por algún ser.
Entristecida y con su cara pálida por la desdicha ella continuo hasta su casa, pensante llego la noche, tan obscura que necesitaba 3 velas para alumbrar su tejido junto con sus botones, decepcionada se volvió a su cama hasta que el sol volviera a alumbrar sus viejas arrugas.



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