miércoles, 18 de agosto de 2010

Capitulo 4.

El martes.

Elinor sentada en su vieja silla mecedora con un libro, para ser toda una maestra en títulos la complacencia no era muy exquisita, pues el titulo era algo que una mujer de esa edad no leería pero era vieja ya había leído todo lo de su biblioteca, alado de ella aguardaba una taza de Té de 12 flores recién echo, la casa se aromatizaba con aquella infusión y sus gatos acurrucados como pieles en la estancia. Sorbió de su taza y se quemo un poco la lengua pues era recién echo, en fin siguió con su lectura, capitulo tras capitulo devorando letra por letra frase por frase hasta que llego casi al final del pequeño libro con la vista cansada percibió un ruido en su puerta, pero indecisa decidió mejor estar segura de si si era verdad y en efecto era verdad bajo las escaleras con lentitud pero su grito es mas rápido que sus pasos, "voy"!, hasta que la anciana llego ala puerta, y para su sorpresa una nueva carta había llegado, su blanca tez palideció y su corazón se acelero como el de un colibrí.

-Buenas tardes señora Elinor, aquí le dijo su correspondencia,
que pase buena tarde.
Hasta Luego.

Elinor se quedo sin palabras solo asistió con la cara y solo vio alejarse al picaresco cartero parecía ser nuevo en el barrio pero eso fue lo de menor importancia, lentamente empujo la puerta hasta que quedo completamente cerrada a su espalda, incrédula atónita se dirigió a su mecedora tomo un pequeño cuchillo y la abrió con tanta desesperación por saber que había pasado con esa carta que tardo 2 semanas en contestar, en fin Tomo con una gran bocanada de aire antes de empezar, la desdoblo noto que era la letra de un hombre, manuscrita y pequeña se veía que la persona había desgastado mucho ya su habilidad para escribir pues las letras eran viejas no inspiraban juventud. Prosiguió, lo primero que sus cansados ojos leyeron fue Buenas tardes señora, palabras mas palabras no estoy apto para este tipo de bromas y mas palabras seguían surgido ella denoto tristeza y coraje al mismo tiempo, pues claro todo había sido una simple broma a una solitaria anciana, pero para no desalentarse pensó que un poco de diversión inesperada no era mala pero lastimar cuando ya estaba completamente ilusionada con aquel remitente tanta desdicha en un martes siempre los martes habían sido buenos pues pasaba el pan y veía su programa favorito cuando no había luz leía un libro o cualquier cosa era buena en un martes, Tanta desdicha en una sola carta. La contestare por ultima vez, miles de maldiciones venían a su cabeza una tras otra amontonadas, de seguro sus palabras se sentían tan claustrofobicaz en su cabeza, arrimo su silla ala parte mas iluminada de la estancia tomo un papel y una hoja decepcionada de la vida decidió escribir que ella no estaba conforme con eso que por favor se evitara la pena de seguir jugando con una anciana que eso ya no era de Humanos. Termino por trazar la ultima palabra de su rabia y decepción.

Esa noche sus gatos no cenaron, pues después de depositar la dichosa carta en su buzón arrastro sus cansados pies a su cama cerro los ojos y deseo que todo fuese una pesadilla una mala pesadilla.